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Rehabilitación tras un ictus: por qué los primeros seis meses son decisivos para la recuperación

El ictus es una de las principales causas de discapacidad adquirida en adultos. Pero también es una patología en la que el tiempo y la intervención temprana marcan la diferencia.

La Dra. M.ª Ángeles López, logopeda del Hospital Centro de Andalucía, explica por qué los primeros meses después de un accidente cerebrovascular son cruciales para la recuperación funcional del paciente.

La importancia de la intervención precoz: cada minuto cuenta

Tras sufrir un ictus, el sistema nervioso experimenta una interrupción abrupta de la señalización neuronal, lo que la especialista describe como «un latigazo, una desconexión». Esto puede comprometer de forma temporal o prolongada funciones esenciales como el habla, la movilidad, la deglución o la memoria.

Por este motivo, el tratamiento rehabilitador debe iniciarse de forma precoz, en cuanto la situación clínica y la estabilidad del paciente lo permitan, manteniendo un abordaje intensivo y adaptado a cada fase.

¿Por qué los primeros seis meses son clave?

La evidencia científica señala que los primeros seis meses tras el evento vascular constituyen una etapa especialmente relevante en el proceso de rehabilitación, debido a la máxima respuesta de la neuroplasticidad cerebral.

Aunque los primeros seis meses sean un periodo crítico de mayor velocidad de avance, la recuperación no se detiene de forma repentina tras este tiempo. El cerebro conserva capacidad de adaptación y aprendizaje, por lo que la rehabilitación continuada y el mantenimiento terapéutico permiten seguir obteniendo logros funcionales, consolidar la autonomía y prevenir complicaciones a largo plazo.

Rehabilitación interdisciplinar: el camino hacia la recuperación

La recuperación después de un ictus es un proceso complejo que requiere la participación de diferentes profesionales. El Hospital Centro de Andalucía trabaja con un enfoque multidisciplinar, combinando:

1. Logopedia

  • Recuperación del lenguaje, comprensión y expresión.
  • Mejora de la deglución en pacientes con disfagia.
  • Rehabilitación cognitiva en áreas como memoria, atención y planificación.

2. Fisioterapia

  • Recuperación de movilidad y fuerza muscular.
  • Tratamiento de espasticidad.
  • Prevención de contracturas y complicaciones secundarias.

3. Terapia ocupacional

  • Reaprendizaje de actividades de la vida diaria: vestirse, comer, asearse.
  • Adaptación del entorno para favorecer la autonomía.
  • Entrenamiento funcional de extremidad superior y motricidad fina.

La combinación temprana e intensiva de estas terapias acelera la recuperación, mejora el pronóstico y permite al paciente retomar su vida diaria con mayor independencia.

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